El periodista Diego Geddes, del diario Clarin, nos acerca más historias de los que denomina “los otros Lange”, deportistas que hoy triunfan a pesar de haber padecido cáncer.

Acá reproducimos la nota, que nos parece de una riqueza enorme, y que nos alienta a seguir luchando y aprendiendo de estos ejemplos.

 


 

Las lágrimas de Santiago Lange en el podio olímpico funcionarían como el cierre perfecto de una historia épica. Sin embargo, en esta y en todas las historias de los deportistas que superaron el cáncer, se da un efecto inesperado: la mayoría elige minimizar el trauma o, en todo caso, ponerlo como parte del camino. Como si el cáncer fuera una piedra en la zapatilla, apenas una regata sin viento. Como si lo normal fuera salir a correr después de una sesión de quimioterapia. O seguir pensando en los planes de entrenamiento aun cuando el cuerpo pide descanso. Como si todos los días apareciera gente que en menos de un año pasa de una cirugía de cáncer de pulmón a ganar una medalla olímpica. Ahí están los ejemplos de Santiago Lange, pero también los de Germán Orozco, Lucas Arnold Ker, Peter Czanyo, Germán Burgos, Jonás Gutiérrez, y hasta el controvertido Lance Armstrong, inspirador de muchos otros que sufrieron la enfermedad.

Y no son solo ellos: hay miles de héroes anónimos que pasaron por el cáncer y hoy están en grupos de running, en gimnasios, en canchas de fútbol o hasta en la cima del Aconcagua, pensando el próximo desafío, viviendo la vida como un todo, con lo bueno y lo malo.

Para algunos fue al antídoto contra el miedo (“Después de vencer al cáncer no le tengo miedo a nada”, dijo el ex arquero Germán Burgos, hoy ayudante del Cholo Simeone en el Atlético de Madrid, antes de una final), otros lo vivieron con humildad, casi con vergüenza (“Si mi ejemplo sirve para ayudar a los que sufren esa enfermedad, buenísimo”, dice Lange), para otros el deporte fue la salida inevitable, aún en los peores momentos (“Un día quise ir a correr y me caí a los diez metros”, dijo el tenista Lucas Arnold Ker, que tuvo cáncer en un testículo, con metástasis en pulmones y estómago; se recuperó y volvió a jugar en el circuito), Jonás Gutiérrez, ex jugador de la selección Argentina de fútbol, experimentó el apoyo de sus amigos más queridos, que se raparon la cabeza cuando él empezó el tratamiento de quimioterapia.

El triunfo de Lange sirve también para recordar algo que nunca está de más. Hay muchas terapias y estudios en camino para detectar la cura del cáncer, pero todos coinciden en algo: la prevención y la buena vida son lo más importante. Por eso, la recomendación es hacer al menos 30 minutos diarios de actividad física. Otro ejemplo es el del futbolista Juan Fleita, que después de superar un linfoma se animó a titular su historia: “le puse ‘La fuerza Escondida’, esa fuerza que todos la tenemos pero que sale a la luz en los momentos más críticos”, dijo el ex jugador. Estas historias hablan de esa fuerza. Y todas son de oro.

Las historias

Peter Czanyo: “En Santiago está el esfuerzo de todos”

Al igual que Santiago Lange, Peter Czanyo tuvo cáncer de pulmón y también puede colgarse algunas medallas: escaló el Aconcagua, corrió el maratón de Berlín e hizo el Cruce de los Andes cuatro veces. “Una historia como la de Santiago te moviliza y te hace recordar el esfuerzo que uno hizo en su momento. Emociona hasta las lágrimas. El también sos vos”.

En 2003, en un control de rutina, le descubrieron la enfermedad. Fumaba un atado de cigarrillos por día y le sacaron medio pulmón izquierdo. Su capacidad pulmonar se redujo a un 60%. Pero después de la cirugía recordó que tenía un sueño: escalar el Aconcagua fue su motor y desde entonces, Peter no paró nunca más. “Hice de todo, pero lo más meritorio e importante fue creer que es posible a pesar de que me decían que no se podía. Recuerdo cuando troté por primera vez 250 metros. Lloré de felicidad. Imagínate lo que sentí cuando corrí Berlín y vi la Puerta de Brandeburgo cuando llegaba”. Y Peter no para: en dos meses correrá el maratón de Chicago. Una medalla más para un guerrero.

 

Peter-Czanyo

 

Germán Orozco: “Siempre hay que pensar en salir adelante”

“La de Lange es una historia que emociona a todos. Imaginate lo que nos pasa a los que vivimos una situación similar, es muy fuerte”, dice Germán Orozco, ex jugador de la Selección Argentina de hockey sobre césped.

Germán tenía 23 años cuando se enteró de que era portador de linfoma de Hodgkin. Estaba en la etapa de preparación para los Juegos Olímpicos de Sydney, en el 2000: “Lo primero que le pregunté a los médicos era si iba a poder estar. Me dijeron que me olvidara, a lo sumo iba a poder llevar los bidones”. Germán tenía fiebre, sus músculos habían perdido tonicidad, retenía líquidos y estaba hinchado. Las sesiones de quimioterapia duraron ocho meses, y después de eso tuvo que ir a un autotransplante de médula. Finalmente, aún lejos del nivel físico de sus compañeros, Germán pudo estar en el plantel que viajó a los juegos de Sydney.

Fue kinesiólogo del SIC y es entrenador del equipo de primera de BANADE y del seleccionado de Buenos Aires. Y deja algo parecido a una fórmula: “Siempre hay que pensar en salir adelante. Nunca preguntarse porque me toca a mí. A mi me sirvió tener un objetivo, que eran los juegos olímpicos. Pero puede ser cualquier cosa. Salir adelante para seguir disfrutando de la vida es válido también”.

German-Orozco

 

 

Adriana Calvo: “Me la pintaron mal y me salvó la fortaleza deportiva”

Le detectaron un cáncer de lengua hace cuatro años, algo muy poco frecuente en personas no fumadoras. Cuando los médicos le preguntaron si bebía alcohol –otra de las causas por las cuales se puede llegar a ese cáncer– Adriana dijo que lo único que tomaba mucho era agua. Practicó atletismo toda su vida y esa llaguita que apareció en su lengua se convirtió en el maratón más difícil de su vida. “Me la pintaron muy mal, pero mi fortaleza deportiva me ayudó”, dice hoy. Lo mismo que ve en el caso de Lange: “Que haya podido volver a competir y que haya logrado lo que quería lograr es muy meritorio. Todas las historias de superación siempre son inspiradoras, más allá del deporte que se practique”, dice Adriana.

Después de varias sesiones de quimioterapia, de las que salía con cinco kilos menos, y de una operación, Adriana pudo volver al deporte. En menos de un año ya estaba corriendo carreras de 5 mil metros. “En lugar de recomendarme la actividad física, los médicos me dijeron que bajara un cambio. Igual siempre seguí ligada al deporte, aunque dejé de competir”, dice Adriana, que fue campeona sudamericana de 1.500 metros en la categoría master.

 

Fuente: www.clarin.com