Compartimos una nota escrita el año pasado por Roberto Drazich, escrita en www.upsocl.com, donde describe en primera persona la experiencia de compartir y vivir la aventura del Cruce a Chile en Moto, que desde Fundavita organizamos todos los años, para juntar kilómetros contra el Cáncer.

 

Hace unos meses crucé la majestuosa Cordillera de los Andes en moto. En una Royal Enfield 500 cc. Una gran experiencia, que no puede dejar de tener ningún amante de las motos. El plan era simple: salir de Mendoza y llegar a Reñaca atravesando la montaña por la Ruta Nacional N7. El viaje tenía un color especial porque lo organizó una fundación llamada Fundavita, que ayuda o los niños con cáncer.Ya era muy reconfortante pensar que estábamos colaborando con una causa tan noble.

Ese día a las 6 de la mañana arrancamos los motores. Sesenta conductores emprendimos la aventura. Hicimos un stop antes de salir a la ruta para desayunar y ajustar detalles del viaje. Después de un rato, por fin ya estábamos en la ruta. Si bien éramos 60, en la ruta, vas solo con tu moto. Midiendo espacios, atento a cualquier imprevisto considerando las virtudes y limitaciones de tu máquina. Es un momento de nervios, dudas y ansiedad. Hasta que te acomodas. Después de un tiempo manejando, te empiezas a relajar, empiezas a sentir el viento, a aflojar los brazos. Tu moto y tú, ya son una sola cosa. Es un estado hermoso donde tu cabeza se limpia y te olvidas de todo.

 

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Creo que esto es lo adictivo de manejar una moto. En la ruta sientes libertad. Siempre conectado con mi Royal Enfield y percibiendo lo que cada curva te ponía enfrente, nos adentramos a la montaña. Cambió el aire, se puso más frío y por la altura empiezas a sentir que el motor va más exigido. Entre esas sensaciones, apareció un paisaje único.

Montañas inmensas de frente con sus picos nevados, un río al costado de la ruta y un cielo puro como si estuviese recién pintado. Cada kilómetro que recorría, más maravillado estaba. El paisaje a esta altura era inigualable, se sumaban las condiciones del camino como pasar a largos camiones, filas interminables de carros y entrar a los oscuros túneles a 3500 msnm calados en montaña, hacían de esta experiencia, algo increíble.

Alrededor de las 13 horas llegamos a Paso Internacional los Libertadores he hicimos aduana, una larga fila nos esperaba. Después de una hora, arrancamos las motos nuevamente, ya estamos del lado de nuestro pueblo hermano, Chile. A unos pocos kilómetros de la frontera se encuentra el centro de Sky Portillo, allí el Hotel Portillo, un hermoso hotel construido en el año 1949 con una linda vista al lago. Allí nos esperaba un rico almuerzo, nos reunimos con todos los compañeros de viaje.

Algo bueno que me dejó este viaje fue la camaradería: la ayuda entre los viajeros, los consejos de los motoqueros más experimentados y la buena energía. Almorzamos todos muy relajados y distendidos. Me prepararon un poco para lo que se venía. Inmediatamente sales del hotel te encuentras con un avismo y en ese avismo están los famosos Caracoles, una intensa serie de curva y contra curva talladas en la montaña para hacer posible la unión entre los dos países. Estas curvas, son la frutilla del postre!. La habilidad al conducir y la concentración son claves. El camino supera toda expectativa. Todo amante de las motos tiene que hacer este viaje.

El paisaje del lado chileno es aún más lindo. Mediante vas bajando y acercándote al mar se puede apreciar la distinta vegetación. Lo maravilloso que tiene este país es que puedes estar en plena montaña con nieves eternas y al cabo de un par de horas metido en en el mar. Este cambio abrupto de su geografía, te regala paisajes soñados.

Llegamos a Reñaca al rededor de las 18 horas. Nos acomodamos en el hotel, y después de unas horas de descanso nos esperaba una increíble cena con frutos del mar y vinos excelentes. Chile es un país hermoso con gente muy cálida. 

Varias cosas me dejó este viaje, la gratitud de colaborar con la fundación Fundavita y su noble causa en la lucha contra el cáncer infantil, la unión de dos países hermanos, la camaradería de nuestros compañeros de ruta, e imágenes increíbles grabadas en mi retina a bordo de mi Royal Enfield 500.

Así que, si tienes una moto, no busques más tu próximo recorrido, este es uno de los más increíbles viajes de dos ruedas que puedes hacer. 

 

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